martes, 24 de febrero de 2009

La partida

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Todo comenzó mientras tomábamos un café en la barra del bar del pueblo. La maquinaria se puso en marcha sigilosamente, sin aspavientos, como una liturgia ancestral donde cada uno conoce su papel, lo representa. El más viejo saca el tapete y se dirije a la mesa donde alguien toma una copa de anís. Se miran. El que está sentado en la mesa contigua, con la mirada perdida en el televisor, se levanta y sin mediar palabra se sienta junto al de la copa y frente al más viejo, que ya baraja las cartas. El cuarto, de repente, ya tiene las cartas en la mano. Nadie sabe por dónde vino. Miro el reloj. En mi cosmovisión es todavía pronto para el juego. Pienso que cuando se vaya el sol la sociabilidad se hará más difícil, el cuerpo pedirá hogar, calor. Es una cuestión de ritmos biológicos. Es probable que vuelvan entonces a casa rememorando la última jugada, el error cometido,la carta que no se tiró a tiempo, el farol que fue una mentira descubierta. Y algunos saborearán la última victoria de la semana...

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