martes, 21 de junio de 2011

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[14]  Lo que nos sobra es el tiempo y las preguntas. Lo que nos falta es el descuido ingenuo que tienen las buenas respuestas, las que aciertan.



[15] “A mí me lo confirmó La Argentinita desde París, recuerda con algo de esfuerzo, cansado de verse en la obligación moral de contar la misma anécdota cientos de veces. Para evitar problemas decidimos utilizar una consigna.

 

 [16] Con el transcurso de los años algunas preguntas se habían convertido en grandes clásicos de la interrogación. A la mínima ocasión, con cualquier excusa, allá donde dos compatriotas se juntaban se recurría a ellas inevitablemente: ¿Dónde estabas el 14 de abril de 1931? ¿Qué hiciste el 18 de julio de 1936?, ¿Con quién estabas el 19 de agosto de ese mismo año fatídico? Como decía un amigo ahora muerto “hay preguntas que te hacen sentir más vivo y respuestas que te hacen desear la muerte”.


[17] El sueño de la vida, era ahora un sueño inconcluso. La voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte, las únicas voces que una poeta debía escuchar según decía el mismo Federico quedaban apagadas.





 [18] ¿Y a él?, Pepín, a él nadie le oyó llorar. Tú bien sabes que no quiso interpretar un “ole” para silenciar lo que se rompe por dentro. Rodríguez Rapún no era Dalí.





[19] Si la noticia  de su muerte era cierta debía escribir: `Se han vendido todos los solares'.