lunes, 11 de julio de 2011

[138-147]



138
Y sin volver los ojos ni presentir el futuro, saliste al mundo extraño/ desde tu tierra en secreto ya extraña. Luis Cernuda.


139
El mar abierto, lugar por donde escapar, lugar por donde viajar hacia lugares remotos, reales, inventados, una vía de escape, también una vía hacia la muerte, el naufragio, el hundimiento. El mar  es amor, deseo, soledad, olvido, un cuerpo solo a la deriva:

El mar es un olvido,
Una canción, un labio;
El mar es un amante,
Fiel respuesta al deseo.

Pero la trascendencia real, al margen de simbolismos, que supone ese lugar de escape se convertiría en una fatídica realidad. El mar acabaría siendo la distancia insalvable entre el exilio político y España. Estalla la guerra. Su país naufraga y hay que seguir a flote. Cernuda mueve los brazos para no ahogarse.

140
Hay un aire de nostalgia por España que se desprende de cada pregunta.




141
¿Sabía Cernuda que pisaba por última vez tierra española? Era un 14 de febrero de 1938. Bernabé Fernández-Canivell le miraba intuyendo que aquella tierra que ahora dejaba atrás camino de París y Londres era una tierra ya extraña. Los bolsillos casi vacíos. El espacio entre los pliegues lo ocupa en soledad el dinero prestado.

142
Escribes: Atrás quedaba tu tierra sangrante y en ruinas. La última estación, la estación al otro lado de la frontera, donde te separaste de ella, era sólo un esqueleto de metal retorcido, sin cristales, sin muros – un esqueleto desenterrado al que la luz postrera del día abandonaba.

143
Con Stanley Richardson tuviste un pequeño idilio. Él te organizó un ciclo de conferencias en Londres que, en realidad, fue una estrategia para sacarte del país.



144
Y Teresa se pregunta si tiene derecho a morir sin concluir la historia que empezasteis. Está cansada, dice, de no saber dónde morirse y no quiere saber nada de los cementerios de las ciudades donde se ve obligada a vivir.


145
Teresa tiene frases que se agarran a la piel: pisé la última hoja que quería quedarse en mi zapato o aquella de: La eternidad bien pudiera ser un río solamente.


146
Al concluir la guerra civil, a excepción de Aleixandre, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, el resto de poetas del veintisiete parten al exilio. El grupo sufre una dispersión y cada cual sigue su rumbo. Los ideales de poesía pura, al igual que los de poesía comprometida se analizan ahora desde un nuevo enfoque: el del exilio

147
Tras la guerra, profundamente marcados por las dramáticas circunstancias que vinieron a interrumpir el devenir de una generación de los más celebrados poetas españoles,  ya ninguno abandonará una poesía entrañablemente humana. En el exilio, la poesía girará hacia la nostalgia de la patria perdida. El mismo Guillén, tenido por el “poeta puro” por excelencia, iniciará a partir de 1950 con Clamor un nuevo ciclo poético con eje en el dolor humano.  En España, la poesía derivará hacia un humanismo angustiado, de tonos existenciales, que tiene como obra más representativa a Hijos de la Ira (1944) de Dámaso Alonso. Vicente Aleixandre escribirá también Historia del corazón donde hablará de la conciencia y la solidaridad. Atrás quedan, lejos, las teorías de la deshumanización del arte.