martes, 18 de marzo de 2014

Me as a runner


Tercer día de salir a correr. Entiendo cada vez mejor a Murakami cuando decía en su libro De qué hablo cuando hablo de correr, aquello de 

“Y es que escribir honestamente sobre el hecho de correr es también (en cierta medida) escribir honestamente sobre mí. 

Entiendo, todavía mejor, el libro de Yolanda López "femenino sin límites" que sin duda es responsable de que esté yo ahora aquí escribiendo ésto, recién llegado de correr un rato mientras reposo y me hidrato. 

Y sí, hay libros que le llegan a uno en el momento adecuado, cuando está receptivo a entender y a ejercer el cambio. En un momento sísmico me llegó un correo electrónico de Yolanda López donde me propone hacer algo con nuestras aficiones: la escritura, la fotografía y el running. Esta última sólo era suya y fíjense que utilizo el pasado simple, porque algo mía es ya cuando decido utilizarlo como método complementario de meditación y sanación.   La idea no estaba concebida, ni lo está, pero a la vez existe. Eso le da credibilidad y potencia su concreción en el futuro. Veremos qué sucede con todo ésto. Tengo claro que en parte, de ese correo son estos pasos, que de su libro, esta respiración cansada de hoy.

Corro el primer día según consejos de amigos y un libro que vino a mi en una biblioteca sin yo buscarlo. Un libro que me estaba esperando. Alternar el caminar con carreras breves. Uno nota cómo la musculatura se va adaptando al movimiento. Las rodillas reparten el peso de este cuerpo torpe, todavía agarrotado, que casi en un chirrío inapreciable cruje como la madera de un barco, como las pisadas sobre el parquet de una estancia en invierno. 

Mi mente tiene alojadas en mi espalda desde hace un tiempo todas sus preocupaciones, como tuvo durante semanas en mis brazos el dolor de la indecisión, de la presión social, del querer y no poder, del abrazo y del rechazo.
 Susana Tarazaga y un servidor trabajamos en un proyecto que se llama "La Casa habitada" donde yo me encargo de la palabra y ella del movimiento y donde, entre otras muchas cosas, estoy aprendiendo a no ver mi cuerpo como un simple vehículo, sino como lo que es,  un todo: mente-cuerpo. Donde está uno está el otro en un diálogo constante. La medicina occidental se ha empeñado en separarlas y yo he crecido con esa educación médica que me había llevado a no saber comunicarme con el cuerpo, es decir, a desatenderme . Ahora estoy en el maravilloso proceso de desaprender cosas para llenarme con nuevas percepciones y perspectivas. Todo por delante. Todo por detrás. Correr quizás me enseñe que el presente es el resultado de reelaborar en movimiento futuro el espacio por donde hemos pasado.  

Correr me enseña a sentir el cuerpo. A tomar clara conciencia de él. Pienso, mientras tomo la curva y encaro la recta, que este será un ejercicio muy interesante para conocerme. En seguida la metáfora vital. Correr es como enfrentarse a los problemas. Lleva un proceso de adaptación, de aprendizaje, de sabiduría, de conocer nuestros recursos, nuestras fortalezas y debilidades, mantener unas y mejorar las otras, perseverar, constancia y fuerza mental, estrategias para mantener el ritmo. Pero hay que andar primero, aumentar el paso, correr durante unos minutos, cansarse, saber que ese cansancio de hoy tan ridículo en tan poca distancia es simplemente el inicio, confiar en uno mismo, andar o correr en las primeras veces es irrelevante, lo que cuenta es el movimiento. Se recoloca el peso de mi cuerpo sobre las rodillas. El recto anterior del muslo se tensa y se hace presente. El sol a mi derecha proyecta sobre el suelo las sombras de las personas, animales, bicicletas que voy dejando lentamente a mi paso. Otras historias personales corren junto a mi. Coincidimos cada cierto tiempo dando vueltas al circuito. Observo sus cadencias, intento interpretar quién lleva más o menos tiempo saliendo a correr en función de cómo su cuerpo se adapta al movimiento. Se acercan por detrás diferentes respiraciones, diferentes ritmos, zancadas, pies que arrastran, otros que apenas tocan el suelo, piernas en alto, piernas que apenas levantan, con un recorrido menor. Yo lo paso mal cuando me olvido de la respiración. El aire seca mi garganta. Vuelvo a mi respiración. Tengo que aprender a respirar bien hasta convertir éso en una rutina inapreciable.

He cogido aire con fuerza mientras hago los estiramientos en el banco antes de volver caminando a casa. Un punto de emoción me acompaña ahora en los ojos. Siento satisfacción. Uno libra sus propias batallas personales. Estar aquí hoy, por tercer día, forma parte de un pequeño reto de mejora personal. El reto de recuperar mi mente y mi cuerpo que llevan un tiempo cada uno por su parte. Ahora entiendo que correr los une con más fuerza y que de esta unión, saldrá algo bueno. Veamos.

4 comentarios:

Pepe Maiques dijo...

"Correr quizás me enseñe que el presente es el resultado de reelaborar en movimiento futuro el espacio por donde hemos pasado".

Me gustó tu realto de runner, Ventu.
Ahí hay mucho por venir.
Abrazo

Pepe

Pepe Maiques dijo...

relato, quise decir.

Ventura Camacho dijo...

Gracias Pepe! por comentar y leer!

Ventura Camacho dijo...

Gracias Pepe! por comentar y leer!