martes, 21 de junio de 2011

# 3 Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún

De Andrea Blanqué sobre Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún:

Al fin, el amor

Esta tendencia crecería con el devenir de los años, cuando a partir de 1933 dio comienzo, por fin, a una relación plena y henchida de gratificaciones con el secretario de La Barraca, un muchacho matemático y estudiante de ingeniería llamado Rafael Rodríguez Rapún.

Rapún no sólo fue su pareja estable sino también su amigo inseparable. Compartían cada instante del día y de la noche. En las giras de La Barraca por los pueblos de España se hospedaban en la misma habitación, y cuando Pirandello lo invitó a Italia a un festival de teatro, el poeta preguntó si en lugar de llevar a su esposa –como se estilaba– podía llevar a su secretario. Finalmente el viaje no se produjo, pero la relación entre Lorca y Rapún asumió estatuto público más allá de los confines de La Barraca. En los tres últimos años de la vida del poeta, ambos recorrían juntos el Madrid nocturno, la vida de los cafés, de las charlas, de las conferencias, comidas y recitales de aquella bullente capital de la preguerra.

Para quitar todo sesgo platónico a la relación, basta leer los impresionantes Sonetos del amor oscuro, que siguen de algún modo la tradición de los inquietantes sonetos de Shakespeare. Esta colección –que algunos llaman simplemente Sonetos– no fue publicada en vida del poeta, y su edición se hizo esperar largamente. Se sabe que están inspirados en Rapún, aunque en la composición de estos poemas de amor el poeta haya sido cuidadoso, trabajando la ambigüedad de las palabras para que ningún adjetivo o participio se delatara en masculino, y descartando el esperable y "normalizador" femenino de la lengua española.

A casi diez años de la deshumanizada composición "Oda a Salvador Dalí", que el joven Lorca había compuesto deslumbrado por la estética y la personalidad de su amigo pintor, este Lorca hipersensible de los Sonetos permite a su voz explayarse, en primera persona y sin vergüenza alguna, acerca de su propia pasión: "Pero yo te sufrí. Rasgué mis venas,/ tigre y paloma sobre tu cintura, en duelo de mordiscos y azucenas./ Llena, pues, de palabras mi locura/ o déjame vivir en mi serena/ noche del alma para siempre oscura."

Llega la muerte

Cuando Rafael Rodríguez Rapún se enteró de que Federico había sido ejecutado en su propia tierra natal de Granada, se enroló en el Ejército Republicano, alcanzando pronto el grado de teniente. Murió en combate exactamente un año después que García Lorca –el 18 de agosto de 1937– en el hospital de Santander, por las heridas recibidas bajo la ráfaga de una metralla de los aviones enemigos, de la que no intentó guarecerse, como sí hicieron sus compañeros.

Sólo tenía veinticinco años.

FUENTE: http://sentaditoenlaescalera.blogspot.com