martes, 28 de junio de 2011

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[49]
Para Rafael la infancia es un conflicto con la luz. No recuerdo a quien le oí decir esa frase. 



[50]
Toda la familia te llamó siempre Cuco, nombre de pájaro y de banderillero, escribes lejos de todo lo que duele en las manos.



[51]
La luz cae como la memoria de la luz, recuerdo de los juegos infantiles, de las rabonas escolares, escribirías años más tarde. Para Rafael la infancia es un conflicto con la luz. Ahora lo digo yo.


[52]
A ti Dios te veía a todas horas. Siempre contabas aquellas historias de dunas y rabonas, de bolsillos llenos de arena, del padre Hurtado con su anteojo buscándote entre los horizontes donde matabais las horas.


[53]
Aquel rincón de la sala pertenecía a tu abuela, y a su bastón y a su caña en la mano.




[54]
La puerta de entrada era tu padre. Él le dio el primer nombre a la ausencia y al “tiránico reinado” de tus tíos. La puerta es la ausencia y es la espera y es la tristeza y es la alegría.


[55]
La ventana a occidente limita con las gaviotas y los barcos, los eucaliptos y palmeras, y con un nombre de santo, San Luís de Gonzaga, que eran las horas de estudio, la de los externos y los internos, una primera aproximación a la lucha de clases.

[56]
Vivir en la frontera entre la gracia y la tristeza. Buscar refugio en las misas conventuales del Espíritu Santo. Sufrir la ausencia del marido. Sufrir el descenso imparable del bienestar económico. Fragmentos de una madre.


[57]
Cuentas que tu madre era una mujer rara y delicada que tanto como a sus santos y a sus vírgenes, amaba las plantas y las fuentes o las canciones de Schubert.



[58]
Una rabona, una condena: no pasan los minutos cuando se habla sobre los tormentos del infierno.



[59]
A los once años de edad uno le echa de comer antes a los sueños que  a la propia barriga. Tú querías ser torero.



[60]
Centella tiene alerta las orejas. Cualquier ruido es el pequeño Rafael que vuelve. Centella se sienta en el portón de casa, noche y día, a esperar su regreso. No sabe que Rafael ha marchado con su familia a Madrid, que ahora pasa las horas en el Prado soñando de algún día pintará el mar.

[61]
Casi ciega y torpe, adoptada por un pastor, Centella se acerca torpemente a los pitones de una brava novilla.



[62]
Hay infancias de niño rico.