martes, 12 de julio de 2011

[148-155]

148
Pasada la urgencia del combate, llega la derrota y el destierro. Los poemas de Alberti durante su largo peregrinar tendrán un tono diferente, corresponderán a una nueva situación y por tanto a una nueva búsqueda. En su primer libro del exilio Entre el clavel y la espada (1939-1940) ya lo quiere dejar claro desde el mismo prólogo. Recordamos: después de la urgente gramática necesaria vuelve a mí la palabra precisa. Sin embargo, el compromiso político nunca desaparecerá de la concepción global de la obra en Alberti. La diferencia estará en que ahora ya no es una exigencia externa a la poesía, sino que se enmarca en una respuesta frente a la dominación y la injusticia.

149
El poeta nunca olvidará de donde viene (Si yo no viniera de donde vengo, escribiría) y su poesía a partir de este momento será una espada alerta bajo un signo de flor.


150
Doce años después, ya transcurrido ocho años de destierro en Gran Bretaña – por medio la cruda realidad de la guerra, la muerte, la marcha del país, la soledad del extranjero - Cernuda mantiene una actitud de aparente distanciamiento emocional con la trascendencia de los acontecimientos. Al respecto escribe:

Hace unos ocho años que dejé España, y la experiencia principal de esos años ha sido para mí precisamente, el alejamiento de mi propia tierra (…) Mas en la separación misma, yo no encuentro nada doloroso (…) Para quien vive separado de su tierra, si alcanzó ya esa edad en que se ha completado la formación del hombre, ello no significa ni pérdida ni desventaja alguna. Con él lleva, fundido inseparablemente, el espíritu de su tradición, de su lengua, de su gente, pero desprendido de todo lazo de comunidad inmediata, enojoso a veces por ligero que sea, ya que ese lazo no existe para quien vive entre extraños. Y esto le permite conocer mejor su tierra, a distancia y en silencio, gozando, en resumen, de magnífica independencia.

151
En efecto, hay una voz que canta el dolor de la tierra madre, hay soledad, distancia, nostalgia y memoria.  Esas otras voces nos descubrirían a un Cernuda suma de sucesivos exilios. El exilio interior, personal, se funde con el exilio político, el de la Guerra.

152
El 14 de febrero de 1938, Luis Cernuda acompañado de su amigo Bernabé Fernández Canivell, pasan la aduana de Port Bou. Hay un texto que sirve de umbral entre la salida de España y la entrada en el exilio.  Se trata del poema en prosa titulado “Guerra y paz”, publicado en la tercera edición de Ocnos.
Sentado en medio de aquella paz y aquel silencio recuperados, existir era para ti como quien vive un milagro. Sí, todo resultaba otra vez posible. Un escalofrío, como cuando nos recuperamos pasado un peligro que reconocimos por tal al afrontarlo, sacudió tu cuerpo. (…) Atrás quedaba tu tierra sangrante y en ruinas. La última estación, la estación al otro lado de la frontera, donde te separaste de ella, era sólo un esqueleto de metal retorcido (…) ¿Qué puede el hombre contra la locura de todos? Y sin volver los ojos ni presentir el futuro, saliste al mudo extraño desde tu tierra en secreto ya extraña.

153
Fue aquélla una de las épocas más miserables de tu vida.




154
Admitir que uno tiene razón, que los peores pronósticos se cumplen, que la España podrida en la que uno ya no cree es incapaz de evitar una guerra. La barbarie de la guerra representada en el amigo muerto: Federico y en el amigo Aleixandre que de deja atrás – sus dos grandes amistades en los años anteriores a la Guerra, donde había sufrido la incomprensión de sus compañeros de Generación.

El odio y destrucción perduran siempre
Sordamente en la entraña
Toda hiel sempiterna del español terrible,
Que acecha lo cimero
Con su piedra en la mano.

155
Nos encontramos ante un exiliado del mundo que necesita constantemente escapar de la realidad que le rodea, y probablemente de si mismo. El propio poeta lo admite:

«Siempre padecí del sentimiento de hallarme aislado de donde yo me encontrara; de ahí el afán constante de partir, de irme a otras tierras...»