jueves, 21 de julio de 2011

[186-195]

186
La misma zozobra sacudía a Katherine desde un principio. Ya en la primera carta que Salinas le envía (agosto de 1932) intuimos de las palabras de  Salinas que no estaba siendo una situación cómoda para Katherine: “Y mira, no tengas temor, oye, de quitar a nadie nada, queriéndome, no. ¡Me lo dices tan delicadamente en tu carta! No, yo no soy, ni seré peor para nadie por ti, no. Lo que tú me pides, lo que yo te doy en nada atenta a lo que debo a los demás. Tú en mí no serás nunca nada malo, nada que robe algo a alguien, no. (…) Tú me has alumbrado una nueva riqueza y por eso lo que a ti te doy a nadie se lo quito”.

187
A veces pienso que nuestro amor  y nosotros somos cosas diferentes, que nosotros andamos por un lado y él, por otro. Pero de su existencia no dudo, después de haberte visto y de desear verte más, mucho más. Añade.


188
Durante su estancia en Barcelona, donde gozan de la intimidad y del anonimato que necesitaban, Salinas confiesa a Katherine que  el nombre de su libro sería “La voz a ti debida”, que debía su nombre a una égloga de Garcilaso. En sus cartas a Katherine Salinas se refiere a La voz a ti debida como” nuestro libro”:

189
Margarita Bonmatí y Pedro Salinas tenían también un libro en común: Les heures claires (1896) del poeta belga Emile Verhaeren.  Era su libro predilecto. Un canto del amor del esposo a la esposa, después de años de casados. En palabras de Salinas de Marichal:  “Un canto luminoso y tierno, sencillo, en el que se respiran los momentos felices de la vida diaria, los paseos por el jardín florido, la vuelta a la casa, el dulce diálogo al amor de la lumbre, sobre pequeñas cosas triviales y queridas”.

190
La diferencia entre los libros compartidos con una y con otra, es que en el primer caso, Margarita no es la protagonista, y en el segundo, Katherine se convierte en protagonista.


191
Stanley Richardson en Por unos tulipanes amarillos era la lluvia que entierra el día primero de la ausencia.  Como si nada ni nadie hubiera de amar más, escribe Cernuda, Dame tierra, una llama, que traguen puramente / Esas flores borrosas. / Y con ellas / El peso de una dicha hurtada al rígido destino.

192
Luis Cernuda vuelve a Londres. Stanley Richardson le conseguirá ahora un puesto de auxiliar de español en un instituto de Surrey, barrio de las afueras de la ciudad. Es el momento en que se confirma su exilio. A partir de aquí no lo vivirá jamás como un paréntesis. En Surrey permanecerá durante el semestre de otoño. Comienza su lectura sistemática de los poetas ingleses (Shakespeare, Blake, Keats, Shelley y Wordsworth, fundamentalmente) y en enero de 1939 logrará un empleo de assistant en la Universidad de Glasgow, donde le sorprenderá el comienzo de la Segunda Guerra mundial.

193
 Otro amor en combate. Richardson muere combatiendo contra los nazis en Londres, en 1941.



194
Emilio Aladrén tallaba un busto de José Antonio Primo de Rivera para al Sección Femenina que iba a presidir todas las reuniones de la organización en el Castillo de la Mota. Curiosa paradoja, años antes había tallado un busto de Federico García Lorca  para ganarse su favor – le gustaba, al parecer, apegarse a la fama- , justo antes de dejarle plantado y casarse, dejando sumido en una gran depresión al poeta granadino. Paradójicamente, los falangistas de Primo de Rivera serían quienes detendrían a Federico y le darían el paseo.

195
Esta tendencia crecería con el devenir de los años, cuando a partir de 1933 dio comienzo, por fin, a una relación plena y henchida de gratificaciones con el secretario de La Barraca, un muchacho matemático y estudiante de ingeniería llamado Rafael Rodríguez Rapún.