miércoles, 3 de agosto de 2011

[225-237]

225
Emilio Prados lo dejó todo, el ambiente literario madrileño, para volver a Málaga y dar clases de alfabetización a los pescadores: Un mar de angustia en soledad se niega/ a darle nombre al mar que estoy cantando; innominado mar que por mí siento / gemir en soledad de mar que ha sido.

226
21 de febrero de 1937. Salinas escribe a Margarita y le habla del Mediterráneo. Desde que estoy aquí tengo más y más metido en el alma ese mar y todo lo que representa, le cuenta.


227
Más adelante aquel texto sobre Emilio Prados hablaba de su actitud quietista y contemplativa ante el paisaje.



228
Hay quien menosprecia la memoria excluyéndola de lo literario. Están en su derecho. Desde París Alberti recuerda: Quiero volver a aquellos otros de mi infancia junto al mar de Cádiz, aireándome la frente con las hondas de los pinares ribereños, sintiendo cómo se me llenan de arena los zapatos, arena rubia de las dunas quemantes, sombreadas a trechos de retama. Incapaz de no vivir en lo que escribe.

229
El mar de Málaga. El espejo saltador de la plata menuda de los boquerones. Barcas y castillos, jardines al borde de las redes, limoneros y calas cegadoras.



230
Cuando Alberti se presentó sin avisar en la pequeña imprenta Sur de Prados y Altolaguirre., nadie le esperaba. No le conocían si quiera. Cuenta que ambos poetas preparaban en ese momento un nuevo número de la revista Litoral.



231
Si no es el mar, si es su idea / de fuego, insondable, limpia; / y yo, / ardiendo, ahogándome en ella. Salinas, poeta con apellido marino.



232
Entre árboles y palmeras, al pie de le terraza, ante un escenario de luminosidad blanca y azules robados, escribe el poeta El contemplado. Este afán de mirar es más que mío, escribe. Hay una alianza, un puente invisible, un pacto de azules, entre el Atlántico próximo y el lejano Mediterráneo.

233
La visión del mar y de los últimos restos del Pirineo catalán, la tranquilidad del pueblo, la sencillez de sus gentes, la genialidad de algunos de sus convecinos (La Lídia -la Ben Plantada-, Filemón y Bancis -los pescadores con nombres mitológicos), la calurosa acogida de la familia de Dalí y la relación de estrecha complicidad que establece con la hermana de Salvador, Anna Maria, harán que su estancia catalana sea inolvidable. En carta desde Cadaqués a su familia escribe:“Estoy en Cadaqués, pueblecito de Gerona, como os dije, y una de las maravillas del Mediterráneo. No os podéis imaginar, acostumbrados al mar de Málaga, este mar “Costa Brava” lleno de ensenadas, de calas y acantilados por los que asoman inmensos olivares y viñas, rocas color naranja y manchas verdes de pinares.¡Una maravilla!

234
¿Mar de mi vida, el mar sin mí se llama?




235
En 1941 llega Emilio Prados a México y recuerda de pronto todo lo que ha perdido: la primavera, las personas, el espacio y el tiempo: Cuando era primavera en España: /Frente al mar los espejos /Rompían sus barandillas /Y el jazmín agrandaba / su diminuta estrella / hasta cumplir el límite /de su aroma en la noche... / ¡Cuando era primavera!


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La mirada del poeta se hace metafísica, ética, mística. Salinas está cerca de San Juan de la Cruz. El mar es el paraíso, primero al alcance del poeta, luego al de todos los humanos y alguien con puño firme y férrea convicción escribiría: Nominar es poseer lo designado.  

237
Nápoles, 1955. Jorge Guillén escribe a Oreste Macrí: Espero que el mar recobre el azul prometido por todos los anuncios y carteles.