domingo, 27 de abril de 2008

Lecciones de generosidad



Cariñosamente la llamaban “La niña de la Cátedra”. Así la bautizaron sus compañeros en la Cátedra de Flamencología de la Universidad de Córdoba que dirige con sabiduría el flamencólogo Agustín Gómez. Era la sorpresa. Una notable novedad. Una joven barcelonesa que hace cada día de clase cinco horas de coche para sumergirse entre compases y melismas antes de emprender, casi sin tiempo a detenerse un instante, el camino de vuelta a Granada porque se hace irremediablemente tarde. Debieron pensar – supongo – que tal derroche de generosidad por su parte salía de la raíz, que su pasión por el flamenco y su voluntad incansable de aprender sin reparos partían de la misma esencia andaluza: aquello era amor al arte.

Se entabló desde el principio una estrategia tácita de tutelaje. Otro derroche de generosidad por parte, esta vez, de los anfitriones. Una misión irresistible es guiar al que aprende por primera vez los que es, pongamos por caso, la cadencia andaluza, un melisma, una copla, el garrotín, una toná, uan falseta, una mariana. Invitarla a ver como el flamenco cobra vida en la peña El Mirabrás de Fernán-Núñez, o a un Perol, fiesta campera donde se come, se canta y se baila eran parte del pupilaje.


* * *

Es por eso que, tras haber comprobado la gran generosidad del pueblo que habla flamenco, no dejo de sorprenderme, a día de hoy, cómo el Estatuto de Andalucía se ha querido adueñar sobre el papel de la EXCLUSIVIDAD DEL FLAMENCO. Se me escapa tanta tacañería. Yo había leído en plena calle con sorpresa un cartel propagandístico del Partido Andalucista donde se les escapaba una pequeña maldad en forma de slogan: “No queremos ser menos que Cataluña”. Con esa actitud es normal – pensé – que de Cataluña quieran imitar hasta la tacañería tan exclusivamente catalana. Bromas aparte, es precisamente de exclusividad de lo que se trata. Pretender la exclusividad del arte es un tanto bochornoso. No imagino a George Bush (y mira que de este personaje uno podría imaginarse cualquier cosa) promoviendo una ley que pretendiera la exclusividad del Rock’n Roll, o leyes que maniataran la música celta, el reggae o los arreglos musicales de los Beatles.





Claro está, en eso estamos todos de acuerdo, en Andalucía está la cuna del flamenco, esta tierra es la madre. Pero los niños crecen. Dejan atrás el paisaje de la infancia y marchan de los campos a la ciudad, con aire altivo y adolescente para crecer y conocer mundo. Los flamencos viajaron del campo a los tablaos, y muchos siguen viajando de Andalucía a Madrid para darse a conocer, sin olvidar sus raíces. ¿qué pensarán los flamencos extremeños, los murcianos, los catalanes, que los hay, y bien buenos? En fin.





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Pue éso, que a lo que iba yo es que ayer estuvimos en el PEROL FLAMENCO que organiza la Cátedra de Flamencología de Córdoba. Si para nosotros es todo un privilegio poder disfrutar de algo tan especial y único, imaginense para Linda, nuestra amiga de Hungría, que ha venido con nosotros. No perdió detalle con su cámara.



La jornada empieza tomando posiciones alrededor de las mesas que se van llenando por arte de magia de comida y bebida. Cuando llegamos algunos ya están en corrillos bordeando una guitarra a la que se agarran los valientes al cante. No hay profesionales, sí muchos, todos, entendidos y conocedores profundos del cante. Eli, ni corta ni perezosa, busca a un guitarrista para cantarle un garrotín. La cosa se anima, se acciona el resorte y son varios los que se arrancan con una estrofa. Proyecta la voz, le espeta un flamenco a La Niña cuando se arranca con el garrotín.



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Sigue llegando gente. Llega Juani Marín, jovencísimo talento cordobés que se ofrece a mostrar a los asistentes una pequeña muestra de lo que está haciendo con un amigo saxofonista, también insultantemente joven:




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Tras bajarme los pelos que estaban de punta sobre mis brazos, veo como el círculo se vuelve a abrir para seguir comiendo. Insaciables! Conejo campero. Esto es vida, mi arma. Agustín, el profesor, por los galones de mando que el cargo le otorga, organiza una rueda de cantes con los asistentes. Una muestra:



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Por último, Ana Belén Castillo, otra joven promesa ya dedicada a hacer carrera, es decir, profesionalmente. El protocolo exige que si hay cantaor o cantaora profesional sea el último en cantar y pueda lucirse un poco más. Todo un descubrimiento esta chica, que tiene musho arte. Por alegrías y por bulerías:




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A las 18h. llega la paella. Se come (más) y se sigue cantando. Aparece en escena Paco el del Cid. Crítico flamenco en el Periódico de Córdoba, guitarrista y buen conocedor del cante. Hombre polivalente: canta por rumba, por bulería, por Carlos Cano. Aquí Alfileres de Colores:



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Agustín al cante por tangos. Eli le baila.


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Ya a punto de marchar, Fausto, lee uno de sus poemas. Poemas del sentimiento, como dice él, y maldice que, en ocasiones, elverbo se le bloquea y no encuentra la vereda de la rima, el adjetivo, la palabra exacta. Esto que yo tengo es sentimiento, repite, y éso no tiene precio. Encantador. Sincero.


Viva el arte.

3 comentarios:

soperos dijo...

Aixx, amigo Ventura...

Aquí Mariano, sopero mayor del reino y envidioso tremendo de lo que explicas en esta entrada.

Manda huevos, como diría el ínclito, lo del Estatuto de Andalucía. Me parece pelín cateto lo que proponen. Aquí, en Cataluña, bien conoces que hay una riqueza flamenca de escándalo: Maite Martín y mi Poveda (¡que grande!) son una par de ejemplos.

Buenísimo el tipo del saxo, que demuestra que el flamenco permite un colorido musical que ya quisieran otros muchos estilos musicales. Después de ver el vídeo, me he puestos a Jorge Pardo, tremendo saxofonista, y Chano Domínguez, pianista del copón, por Paco de Lucía. No se puede aguantar tanto arte!!!

Un abrazo, amigo!

mariano

Anónimo dijo...

o
l
e

Ventura Camacho dijo...

Amic Mariano!

te perdiste una buena!
Creo que no es cuestión de catestismo, es cuestión de que se redactan las cosas sin consultar con los que verdaderamente entienden...

abrazos