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martes, 21 de junio de 2011

[14-18]

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[14]  Lo que nos sobra es el tiempo y las preguntas. Lo que nos falta es el descuido ingenuo que tienen las buenas respuestas, las que aciertan.



[15] “A mí me lo confirmó La Argentinita desde París, recuerda con algo de esfuerzo, cansado de verse en la obligación moral de contar la misma anécdota cientos de veces. Para evitar problemas decidimos utilizar una consigna.

 

 [16] Con el transcurso de los años algunas preguntas se habían convertido en grandes clásicos de la interrogación. A la mínima ocasión, con cualquier excusa, allá donde dos compatriotas se juntaban se recurría a ellas inevitablemente: ¿Dónde estabas el 14 de abril de 1931? ¿Qué hiciste el 18 de julio de 1936?, ¿Con quién estabas el 19 de agosto de ese mismo año fatídico? Como decía un amigo ahora muerto “hay preguntas que te hacen sentir más vivo y respuestas que te hacen desear la muerte”.


[17] El sueño de la vida, era ahora un sueño inconcluso. La voz de la muerte, con todos sus presagios; la voz del amor y la voz del arte, las únicas voces que una poeta debía escuchar según decía el mismo Federico quedaban apagadas.





 [18] ¿Y a él?, Pepín, a él nadie le oyó llorar. Tú bien sabes que no quiso interpretar un “ole” para silenciar lo que se rompe por dentro. Rodríguez Rapún no era Dalí.





[19] Si la noticia  de su muerte era cierta debía escribir: `Se han vendido todos los solares'.



# 4 José Bello, Lorca y La Argentinita

Cuando habla de Lorca, se le pone en la voz un tono de admiración. Ya lo decía Jorge Guillén: "Cuando está Federico no hace ni frío ni calor, hace Federico". "Era un ser especial, de una gracia inigualable. Su muerte fue algo inesperado. A algunos nos costó creer lo que pasó. Los diarios de Madrid dieron la noticia, pero como mentían tanto… A mí me lo confirmó La argentinita (bailarina que fundó con Lorca el ballet de Madrid) desde París. Para evitar problemas decidimos utilizar una consigna. Si era cierta la noticia debía escribir: `Se han vendido todos los solares'. A los 20 días de que marchara a París me llegó una carta suya. En ella decía: `Efectivamente, se han vendido todos los solares'. No había duda de que lo habían matado". Esto marcó el punto de inflexión entre la felicidad de la juventud y el desastre de una existencia cercenada por la guerra. Antes, José Bello ya se había significado como un irracional, como el verdadero incitador del surrealismo, que sedujo a Buñuel y a Dalí. Bergamín le había denominado "padre extraliterario". Pero nada de eso le importa. Pertenece a la vieja escuela, a esos hombres que llevan un exquisito escepticismo como segunda piel, y tienen un equilibro de palabras que impide cualquier indicio de afección. 

Fuente: http://www.elmundo.es/magazine/m84/textos/bello1.html